jueves, marzo 04, 2010

Criterios liberales



HAY QUE PONER DE MODA LA DEMOCRACIA
Por Alonso Molina Corrales
Pasada la euforia que generó el fallo de la Corte Constitucional sobre el referendo, los demócratas colombianos que hicimos parte de esa celebración, debemos comenzar a pensar en las reales proporciones del nuevo panorama de la política nacional y las tareas que éste demanda.
Sin Álvaro Uribe en la escena, el uribismo agoniza, pero el modelo de Estado que defendió a costa del desbarajuste institucional, sigue estando en las mentes y corazones de quienes acogieron a éste liberal renegado como el campeón de ideas de evidente talante conservador y temen perder los privilegios acumulados durante estos ocho años. Aunque Uribe está fuera de la contienda electoral, aún sus vástagos pueden ganar batallas con la sola exposición del despojo político del mandatario caído; una especie de Cid Campeador ganando combates después de muerto.
Pero la sombra de Uribe impide que entre sus cuadros, alguien se atreva a plantear un nuevo tipo de discurso para esta etapa “post”; una propuesta que le juegue a la necesaria transición y a la suma de las diversas voluntades para la reconciliación nacional. De manera paradójica, el lenguaje del “neo uribismo” parece ser el mismo de hace ocho años, cuando el país optó por la protección del “hombre fuerte”, ofrecida por el ex gobernador de Antioquia. Los logros de la seguridad democrática, no son argumento para que la sociedad colombiana y su andamiaje jurídico recuperen su mayoría de edad.
Frente al panorama descrito, creo que la actitud de partidos como el Liberal en esta coyuntura electoral, debe ser la de enviar un mensaje de optimismo en las tareas futuras, entre las cuales se encuentra la reinstitucionalización de la vida política nacional, poniendo como ejemplo la tarea adelanta por la Corte Constitucional y usando como visión, los fines, principios y aparatos de la carta política de 1991; el gran legado de quienes, por encima de ideas disímiles y antecedentes sobre la ferocidad de las luchas anteriores, supieron que era necesario hablar y convenir propósitos y formas convencionales de alcanzarlos.
Los liberales debemos poner de moda la democracia que inspira el andamiaje institucional de Colombia: monopolio estatal de las armas, la interacción equilibrada y solidaria de las ramas del poder público, respeto absoluto por las leyes, la dignidad del ser humano como bien y meta suprema y constante, libertad económica con responsabilidad, participación de todos en la vida política, movilidad social y seguridad.
Ese propósito es el presupuesto axiológico con el cual el liberalismo debe enfrentará la actual coyuntura; una especie de blindaje que nos proteja de los riesgos asociados con el grado de pragmatismo requerido para ganar unas elecciones. También debe entender que el discurso esbozado no tiene propiedad intelectual certificada – es de los demócratas- y que el músculo no es el suficiente para afrontar en solitario la misión de vencer a la derecha; estamos finalizando un largo éxodo.
Creo que el director y candidato del partido Rafael Pardo, entiende lo anterior e interpreta que en estas etapas de transición vale más la capacidad de asociarse y componer estrategias efectivas. Eso es una posición que ojalá las otras fuerzas democráticas adopten.

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