SENADO: ¿POR QUÉ RISARALDENSE, POR QUÉ LIBERAL?
Por Alonso Molina Corrales
La figura de la circunscripción nacional que trajo consigo la Constitución Política de 1991, con el objeto de fortalecer nuevos liderazgos y reconocer la estatura de aquellos que brillan más allá de sus comarcas natales, no ha sido benéfica para Risaralda. En las pasadas elecciones de Congreso de la República, un poco más de 90 mil votos risaraldenses se fueron a las arcas de candidatos foráneos al Senado, que no volvieron ni a recoger los pasos. Casi la mitad de los sufragios válidos.
Ninguno de los elegidos de afuera en la cámara alta con votos risaraldenses, ha protagonizado acciones a favor de nuestro departamento. Por el contrario, varios de ellos, especialmente de regiones vecinas, han accedido a puestos públicos en Pereira para satisfacer las demandas de sus clientelas en la patria chica. Antes de dar quitan y si se les convoca a ayudar no aparecen, tal como le sucedió al Gobernador Tamayo en 2009, cuando citó a todos los senadores que obtuvieron votos en Risaralda para concertar acciones ante el Ejecutivo y al interior de la propia rama legislativa; solo aparecieron tres de los “senadores-golondrina”.
Más allá de esta deformación, hay una realidad que tiene que ver con el tamaño del electorado de Risaralda y las reales posibilidades de obtener con ese caudal, una mayor presencia en el Senado. Es por eso que como risaraldenses no le podemos regalar votos a nadie de afuera y menos si pensamos en la orfandad que afronta nuestro departamento, por cuenta del régimen conservadurista y centralista que gobierna el país desde hace más de una década y apuntala nuevos liderazgos regionales sobre el deterioro de nuestros intereses. A lo anterior se suma la actitud genuflexa que algunos de nuestros congresistas adoptan cuando respiran el aire frío de Bogotá y prueban las viandas palaciegas: Erguidos y soberbios con sus paisanos; complacientes y algodonados con el Príncipe; una verdadera metamorfosis.
Pero si para los risaraldenses es urgente elegir paisanos en el senado, para los liberales risaraldenses es vital conservar la curul que hoy detentamos en la cámara alta; al tiempo que le conviene al departamento un senador afecto a la descentralización administrativa, al fortalecimiento de las entidades territoriales y al acentuamiento de la autonomía de las regiones, como solo lo puede ser un liberal de estos tiempos: En la oposición, sin aspirar a favores de la Casa de Nariño y consciente de que su vida política retoña en la provincia.
El proyecto de reconquistar el poder – la meta liberal- exige que se conserven las dos cámaras y el Senado y no solo por la supremacía del número en una hipotética negociación con otras fuerzas. En el caso del senado, es contar con una jerarquía que expresa la voluntad de diversas vertientes de la colectividad en Risaralda, proclama el liderazgo liberal en la región y confirma su irrefrenable vocación de mando.
Se equivocan quienes piensan que podemos lograr el poder sin conservar el Senado ahora y es doble el error, cuando se atreven a decir que no les preocupa la pérdida de la curul, porque siempre se podrán hacer alianzas. Me pregunto cuál podrá ser la base de una negociación política que tuvo como presupuesto la quiebra electoral del partido. ¿Qué tipo de liderazgo es aquel que se edifica sobre la derrota del partido que espera conducir?; ¿Cuál es la visión de un jefe que desconozca la existencia de otras vertientes y su derecho legítimo a expresarse y actuar como factor de poder al interior de la colectividad?
Ante despropósitos como esos, la respuesta es cerrar filas alrededor de la conservación de las curules liberales en el Congreso, en especial la del Senado; reiterar la voluntad de buscar el poder local y regional en 2011 y reconocer que el partido tienen diversas corrientes que podrán dirimir su natural emulación por los causes de la democracia interna.
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