LA PUNTA DE LA PIRÁMIDE
Por Alonso Molina Corrales
Con todo lo que ocurre, no puedo dejar de pensar en una figura geométrica que reduce a unas cuantas y simples líneas la realidad nacional y lo que somos como nación: El triángulo.
El triángulo está presente en las formas de las tristemente célebres “pirámides”, un fenómeno que no creo explicado cuando se atribuye a la ingenuidad de las víctimas o al afán de lucro fácil del colombiano.
Las aristas de esas pirámides solo muestran aspectos limitados, de un asunto donde se combina nuestra ancestral inclinación por el atajo, con una gran conspiración para lavar dinero de diversa procedencia. Me pregunto: ¿cómo hicieron tantos para ahorrar e invertir, ganando tan poco?
El triángulo viaja también por los océanos septentrionales, determinando el contorno de los iceberg; que aunque no siempre tienen esa forma, la idea que da la mención de su punta me hace imaginarlos como pirámides flotantes.
Colombia, a pesar de estar en la zona tórrida del planeta, parece que hiciera todos los días un riesgoso recorrido por los gélidos mares del norte, pues siempre debe enfrentar ominosos escollos boyantes, ante los cuales solemos decir que “solo estamos viendo la punta del iceberg”.
Los pocos testimonios y confesiones de los ex jefes paramilitares, son la punta de un iceberg que rezuma sangre y que debería generar ahora, cuando prevemos la magnitud del genocidio, varias preguntas: ¿Los patrocinadores evidentes y agazapados de ese tipo de organizaciones criminales, conocían hasta dónde iban a llegar sus agentes oficiosos? ¿Cuál va a ser la posición de la Corte Penal Internacional, una vez pueda actuar dentro del marco del tratado internacional que vincula a Colombia? ¿Qué pasará con Álvaro Uribe Vélez cuando no pueda disponer de las herramientas que le proporciona su investidura?
Los falsos positivos y los desaparecidos son los pedazos que se desprenden del glacial flotante de la seguridad democrática. Muertos de utilería para alimentar un oscuro plan con fines macabros y que nos obliga a preguntar, si esas bajas sustentaban los exitosos indicadores de la lucha contra la guerrilla, entonces ¿cuál es la verdadera situación de la guerra? ¿Es real el anunciado colapso de las FARC?
Los planes departamentales de aguas son la punta de una conspiración que tiene como objetivo, despojar a los municipios del servicio de acueducto y saneamiento hídrico, porque para el Gobierno del presidente Uribe le fue difícil escriturar las cuencas hidrográficas a los particulares, o como se les conoce en el argot privatizador, operadores especializados. Bien por la Corte Constitucional.
Los síntomas recesivos de la economía colombiana, son la parte superior de un témpano piramidal de proporciones inimaginables, que emergió cuando nos dimos cuenta de que los buenos indicadores locales, no provenían de comportamientos endógenos y por el contrario, eran parte de la histeria consumista y especulativa global.
Los intereses norteamericanos, una clase empresarial emergente y sin escrúpulos y la corrupción a todo nivel son las puntas de un triangulo situacional, que se comporta como un círculo vicioso, dentro del cual está la población inerme y una visión de Estado que proclama la Constitución de 1991. Un triángulo que hace las veces del iceberg contra el cual puede chocar la nave de nuestra institucionalidad.
En este mar que cruza Colombia, cada barco podría tener su iceberg, tal como el Titánic tuvo el suyo con naufragio incluido.
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