DE LA CALLE Y EL ESTALLIDO SOCIAL
Por Alonso Molina Corrales
En su última intervención como conferencista en el seminario económico ANIF – Fedesarrollo, el ex ministro Humberto De la Calle Lombana dijo que gracias a las FARC, no se había presentado un estallido social en el país, pues la protesta terminó repudiada por la opinión, como una más de las armas innobles del grupo subversivo (El Espectador, 27-11-08).
De la Calle junta varios argumentos acertados, para llegar a una conclusión falaz.
Es cierto que el extremismo “fariano” atenta contra el proyecto de una izquierda democrática capaz de gobernar a Colombia y es real que muchas de las expresiones de inconformismo social han sido asimiladas por el país en su conjunto, como una forma de atentar contra las instituciones. Lo que no es real es que esa satanización sea producto de un ejercicio mental libérrimo de esa entelequia dudosa que es la opinión pública.
El etiquetamiento malsano - con resultados fatales, en muchos casos – ha sido un arma del presidente Uribe Vélez para enfrentar a sus enemigos, desviar la atención del país de aquellos temas donde sale mal librado y proyectar la imagen de paladín de la república enfrentada al terrorismo. Fueron Uribe y sus ministros quienes, sin pasar por el Congreso, ni adelantar proceso judicial, proscribieron las huelgas, condenaron a los sindicalistas y convirtieron en terroristas a los disidentes, a los libres pensadores, a los opositores.
Esa estrategia ha sido posible gracias a los medios de comunicación de los grandes beneficiarios del régimen. Hace parte de la conspiración mediática, que embozo el rostro de la Colombia profunda e irredenta, que nunca tuvo respuestas por parte del Presidente, pero tampoco tuvo voz.
A renglón seguido, el ex ministro aboga por una estrategia que le salga al paso al gran estallido social, que augura luego de la inminente desaparición de las FARC.
Otra vez recurre el dirigente al malabarismo dialéctico, porque si va a ver una escalada de la confrontación social, es por el aplazamiento de la resolución de litigios con hondas raíces en la historia patria, atizados por la indiferencia, el cinismo y la violencia de los beneficiarios y sus agentes oficiales y por el carácter punible con el que Uribe y sus epígonos visten toda voz de inconformismo. No por la existencia de las FARC.
Lo interesante es que De la Calle, al prever la agudización de las luchas sociales, admite el ínfimo calado de la política social del régimen uribista, si es que tuvo una. Buenos negocios para unos pocos y la ampliación de la brecha entre ricos y pobres, con la consiguiente desaparición de la clase media, son los fenómenos catastróficos, que ya no puede tapar la ahora cuestionada política de Seguridad Democrática.
Otra afirmación cuestionable. De la Calle habla de la inminente desaparición de las FARC, hecho deseable que, muy a mi pesar, se pone en duda, al conocerse la forma macabra como algunos comandantes militares maquillaban de éxito sus informes de gestión. Me pregunto qué tanto pesan en la aritmética de la guerra, los falsos positivos.
Entonces ¿está equivocado el conferencista al hablar del estallido social? ¿Esa distorsión en el análisis por parte del ex ministro es inocente?
Sabemos del giro de De la Calle frente a la actual coyuntura. Ha marcado distancia frente al presidente Uribe y eso habla de su olfato político, pero al abordar el análisis de los hechos, se pone de manifiesto una visión sesgada por las responsabilidades que tuvo como puntal del actual régimen, en contraposición con la que debería tener uno de los hombres que ayudó a promulgar la Constitución de 1991 y su Estado Social de Derecho.
Su papel de áulico al servicio de gobiernos que han impedido la construcción del Estado Social de Derecho proyectado en el texto constitucional, del cual es casi un padre, contrastan con la imagen de De la Calle aclamado por la Asamblea Nacional Constituyente en pie, el día de la promulgación de la nueva carta.
Creo yo que necesita un acto de contrición más profundo y sincero.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario