sábado, septiembre 27, 2008

Desde Las Termópilas

APUNTES PARA EL SESQUICENTENARIO DE PEREIRA
Por Alonso Molina Corrales

La celebración del Sesquicentenario de la fundación de Pereira, que lidera el alcalde Israel Alberto Londoño Londoño y coordina el ex mandatario Gustavo Orozco Restrepo, es una gran oportunidad para acelerar, articular y potenciar el curso de procesos y proyectos que son verdaderos hitos urbanos; incluir iniciativas nuevas, promocionar la ciudad en los ámbitos nacional e internacional para todos los fines y, sobre todo, adelantar un proceso de reflexión estratégica sobre el futuro que queremos para la capital de Risaralda.
Por eso es importante que los líderes del proyecto, hayan incluido dos términos que le deben dar a la celebración, unas dimensiones insospechadas: “Visión de ciudad” y “propósito colectivo”.
La primera, según los prospectivistas y planificadores, es un sueño con un término establecido y se trata de la ciudad imaginada por alguien de manera individual o por un grupo de personas naturales o jurídicas, unidas por intereses comunes. En lo que corresponde a Pereira, estoy seguro que cada ciudadano o al menos, cada agremiación o sector, tiene una visión de urbe en la cabeza; una “ciudad de sus sueños” que, incluso, puede antagonizar con elementos de lo imaginado por el otro o los otros.
Aquí es donde empieza a jugar el segundo término. Propósito es una meta, una cima por coronar, un proyecto por ejecutar, una razón para hacer cosas, y cuando decimos que es colectivo, estamos planteando que debe ser compartido con y por los demás. Si se trata del propósito de toda una ciudad, esa tarea propuesta deberá ser un compromiso de sus estamentos sin distingos e incluso, el denominador común que puede unir a sus ciudadanos, por encima de las naturales diferencias, durante los próximos cincuenta años.
La búsqueda de una visión que sea el propósito colectivo de las generaciones de pereiranos raizales y por convicción que compartimos éste tiempo y espacio, implicará, entonces, no solo el ejercicio de los técnicos de las universidades y las agencias oficiales y privadas especialistas en la planeación. También exige la apertura de un dialogo abierto con esa Pereira profunda, incluso marginal, que espera ser tenida en cuenta, más allá del asistencialismo; que desea compartir la forma como se ha relacionado con dentro de su entorno y la manera como se interpreta, como parte de un todo que es la ciudad en términos holísticos.
La celebración del Sesquicentenario deberá tener diversas dimensiones, que confluyen en el reconocimiento que la ciudad tiene de sí misma y el crédito que le concede a sus propias ilusiones.
Deberá ser el espacio para recordar, para agradecer, para honrarnos a nosotros mismos a través de la exaltación de los conciudadanos meritorios; es el espacio para reconocernos, para establecer lo que hoy somos como conglomerado social, gracias a la revisión de la historia; es el espacio para reflexionar sobre el futuro, entendido como visión, e identificar cuáles caminos son los que se deben recorrer para hacer que éste se haga presente, y es el espacio para ponernos de acuerdo sobre la forma como tendremos que hacer ese tránsito, fortalecidos por el sueño común y engrandecidos por las particularidades que nos diferencian.
El Sesquicentenario podrá ser un poderoso ícono que nos aglutine, un gran pretexto para la acción venidera y ambiciosa, tal como lo fue en su momento la organización del Centenario en 1963.
Con la celebración del Centenario, Colombia fue notificada de que los pereiranos creían que su ciudad tenía un destino manifiesto y que lucharían para hacerlo posible y a fe que lo hicieron.
Ahora, el turno es para la clase dirigente actual y estamos dispuestos a contribuir en ese gran propósito de hacer del Sesquicentenario, una coyuntura crucial para el futuro de Pereira.

Viernes, 12 de septiembre de 2008.

No hay comentarios.: