martes, junio 17, 2008

Desde Las Termópilas


UN PACTO CIUDADANO

Por Alonso Molina Corrales

Los resultados de las acciones oficiales orientadas a solucionar los problemas generados por el comercio informal, deben ser calificados como fracasos, si consideramos cuál es el número de vendedores ambulantes formalizados, que ya no invaden el espacio público, pagan impuestos, cancelan el agua y la energía que consumen y están inscritos en el registro mercantil.

También la calificación estará en rojo, si averiguamos cuántos vendedores reubicados en proyectos tan importantes como Sanandresito, la Mejor Esquina y los Bazares Populares, permanecen allí con sus locales abiertos al público, ofreciendo sus mercaderías sin tener que ocupar los andenes y las calzadas. ¿Cómo catalogar lo que salta a la vista, cuando nos referimos a la Central Minorista de la calle 41 o escuchamos las quejas – absurdas algunas - de quienes son adjudicatarios afortunados del Centro Comercial La Trece?

Lo paradójico es que todos esos programas son la evidencia de que en Pereira el tema de los vendedores ambulantes ha sido abordado con criterios que van más allá de un asunto de policía, pero sus resultados hacen que la temática en cuestión sea clasificada en el escaño de los conflictos insolubles. ¿Dónde se enredan las buenas intenciones?

La insolidaridad, la politiquería, el cortoplacismo, una incorrecta percepción de lo público, la marrulla elevada a la más alta estima, el incumplimiento sistemático de las normas y la indisciplina social, son los fenómenos que restan posibilidades a cualquier acción referente a éste tópico. Son los mismos que explican por qué el entusiasmo acaba con la cortada de la cinta, los adjudicatarios vuelven a las calles con sus mercaderías, los políticos trafican con la ineficacia de las normas y la ineficiencia de la autoridad, el Estado revienta para todo y el desorden y el desaseo le roban espacio a la vida en comunidad.

Valoro el esfuerzo de los “maneros” y “estacionarios”, que insisten en ganarse la vida honradamente en medio de tantos profetas del atajo; pero también conozco el esfuerzo y la voluntad de las sucesivas administraciones de Pereira por acertar en la búsqueda de alternativas que aseguren al mismo tiempo, el trabajo y el goce del espacio público.

Del mismo modo, considero que insistir en que los ambulantes se formalicen sin entender que los enfrentamos sin escrúpulos a otro nicho de mercado - desconocido para ellos y muy diferente al representado por el comprador que aprovecha la oportunidad de la oferta callejera - es un error que los condena a regresar a la vía en busca de sus clientes naturales; como también es un yerro no incluir dentro de cualquier estrategia, la firmeza de la autoridad responsable de la preservación del espacio público.

Por esa razón, propongo un gran acuerdo ciudadano orientado a la defensa simultánea del trabajo y el espacio público; mediante una estrategia que realmente ofrezca a los ambulantes una forma de ganarse la vida y legitime a las autoridades para defender el derecho ciudadano de gozar y usar las vías y plazas.

La depuración real del censo de vendedores ambulantes por conducto de un tercero calificado, la regulación del uso y goce del espacio público desde la perspectiva del “citymarketing”, la capacitación de los informales para afrontar el reto de un nuevo mercado compuesto por personas que programan sus compras y no se dejan seducir por la oferta callejera, el acceso a crédito destinado a la adquisición de mercancías y a campañas de publicidad y mercadeo, el compromiso de los vendedores de que no volverán a la calle y la efectiva acción de las autoridades civiles en defensa del espacio público, dentro del marco determinado por los derechos humanos; son algunos de los elementos de este pacto, cuya suscripción misma deberá comprometer ante la ciudad a aquellos y a aquellas y a los gremios de la producción, a los estamentos cívicos, a la clase política, a la Iglesia, al Ministerio Público, a la Defensoría del Pueblo y a la población en general.

De esta manera, a la administración se le podrá exigir su responsabilidad frente a temas como el trabajo y el espacio público; a los gremios se les podrá demandar la solidaridad que garantiza la sostenibilidad social y a los vendedores informales se les reclamará la disciplina social que ha sacado de la miseria material y espiritual a los pueblos más pobres.

Responsabilidad, solidaridad y disciplina social, constituyen la fórmula para solucionar éste y otros problemas ciudadanos.

alonsomolinacorrales@gmail.com

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