El dedo en la llaga
¿MEJORES O PEORES?
Por Álvaro Rodríguez Hernández
Veinte años después de la elección popular de alcaldes, la pregunta rebota: ¿estamos mejor o peor?
Ahora, que florece como maleza la propuesta de contar hacia el futuro con un vicealcalde, agregaríamos: ¿existe, más democracia en Colombia?
Fue el gobierno de Belisario Betancurth – estando de ministro de gobierno Jaime Castro-, quien implementó la figura de elegir mediante el voto directo a los alcaldes. Tres años después, el remedio alargó la fórmula: elección de gobernadores por voto directo de la ciudadanía.
El auge de los gobiernos locales desató un nudo descentralista del poder político pero amarró recursos. La autonomía, escasea. Hay alcaldes lustrosos que han hecho carrera y dejado talante. Existen otros sembrados en matero que han retardado, empequeñecido, el papel de las regiones.
Muchos de ellos, son reyezuelos. Rompieron con sus jefes políticos – entiéndase senadores y representantes – para montar su propio feudo, para establecer su propia cadena de poder. Ellos, supremos y soberanos, arrinconaron a los concejales y a los diputados, la otra esfera de la jerarquía. Pensando en hacer elegir después.
En esa cadena de la felicidad, los problemas siguen siendo los mismos: clientelismo, corrupción, inseguridad, recursos mal utilizados para salud y educación, el tira y afloje con las transferencias, florecen otros como la hambruna, el agua vista como el gran negocio, el gas como recurso extra, la movilidad que atranca, coloca freno a las pretensiones de los alcaldes de acelerar los negocios del transporte masivo. La ciudad – mercado que ubica centros comerciales y fija zonas francas y salta con la tecnología así la ciencia y la innovación sean un rezago numérico para llenar estadísticas dentro de la región de oportunidades y competitiva.
¿Son los gobiernos locales, autónomos? Poco se ha avanzado en la descentralización. El territorio no armoniza con el escenario financiero. La transición se juega, excluyendo, - la mayoría de las veces – al colectivo, al ciudadano. Por eso, el Plan de Desarrollo plantea unas cosas para satisfacer el voto programático pero en la realidad del ordenamiento territorial, tropieza. Se queda en las estrategias y en la planeación física.
¿Están mejores los municipios hoy? ¿Existe mayor gestión pública? Cómo juegan las juntas administradoras locales, dentro de ese nuevo rol del municipio? ¿Se amplió la democracia pero se acortó el poder en una sola mano? ¿Hay mayor calidad en la participación ciudadana en esa democracia representativa que nos vendieron? ¿El papel de los concejos sigue siendo pobre, el de subalternos del ejecutivo?
Cuáles son las debilidades del municipio, es competente el pereirano, cómo estamos de infraestructura, cuál es la apuesta productiva, vamos bien en educación, serían un aporte para reflexionar y responder la tesis central, acerca de si estamos mejor o peor.
¿MEJORES O PEORES?
Por Álvaro Rodríguez Hernández
Veinte años después de la elección popular de alcaldes, la pregunta rebota: ¿estamos mejor o peor?
Ahora, que florece como maleza la propuesta de contar hacia el futuro con un vicealcalde, agregaríamos: ¿existe, más democracia en Colombia?
Fue el gobierno de Belisario Betancurth – estando de ministro de gobierno Jaime Castro-, quien implementó la figura de elegir mediante el voto directo a los alcaldes. Tres años después, el remedio alargó la fórmula: elección de gobernadores por voto directo de la ciudadanía.
El auge de los gobiernos locales desató un nudo descentralista del poder político pero amarró recursos. La autonomía, escasea. Hay alcaldes lustrosos que han hecho carrera y dejado talante. Existen otros sembrados en matero que han retardado, empequeñecido, el papel de las regiones.
Muchos de ellos, son reyezuelos. Rompieron con sus jefes políticos – entiéndase senadores y representantes – para montar su propio feudo, para establecer su propia cadena de poder. Ellos, supremos y soberanos, arrinconaron a los concejales y a los diputados, la otra esfera de la jerarquía. Pensando en hacer elegir después.
En esa cadena de la felicidad, los problemas siguen siendo los mismos: clientelismo, corrupción, inseguridad, recursos mal utilizados para salud y educación, el tira y afloje con las transferencias, florecen otros como la hambruna, el agua vista como el gran negocio, el gas como recurso extra, la movilidad que atranca, coloca freno a las pretensiones de los alcaldes de acelerar los negocios del transporte masivo. La ciudad – mercado que ubica centros comerciales y fija zonas francas y salta con la tecnología así la ciencia y la innovación sean un rezago numérico para llenar estadísticas dentro de la región de oportunidades y competitiva.
¿Son los gobiernos locales, autónomos? Poco se ha avanzado en la descentralización. El territorio no armoniza con el escenario financiero. La transición se juega, excluyendo, - la mayoría de las veces – al colectivo, al ciudadano. Por eso, el Plan de Desarrollo plantea unas cosas para satisfacer el voto programático pero en la realidad del ordenamiento territorial, tropieza. Se queda en las estrategias y en la planeación física.
¿Están mejores los municipios hoy? ¿Existe mayor gestión pública? Cómo juegan las juntas administradoras locales, dentro de ese nuevo rol del municipio? ¿Se amplió la democracia pero se acortó el poder en una sola mano? ¿Hay mayor calidad en la participación ciudadana en esa democracia representativa que nos vendieron? ¿El papel de los concejos sigue siendo pobre, el de subalternos del ejecutivo?
Cuáles son las debilidades del municipio, es competente el pereirano, cómo estamos de infraestructura, cuál es la apuesta productiva, vamos bien en educación, serían un aporte para reflexionar y responder la tesis central, acerca de si estamos mejor o peor.
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