jueves, diciembre 18, 2008

Desde Las Termópilas

RESPUESTAS PARA LA CRISIS

Por Alonso Molina Corrales

Cuando nos aprestamos a dar por terminado un año más, miramos cara a cara una realidad que exige de nuestra audacia, imaginación, independencia y claridad de propósitos, para afrontarla con éxito. En 2008, cayó la última certeza, el mismo dogma nacido del aparente desplome de las verdades que sostuvieron el mundo bipolar pregorbachov: El imperio de una economía de mercado sin intervencionismo deL Estado y proclive a reducir a éste último a dimensiones ínfimas.

La crisis económica que enfrenta ahora el planeta y que aún no dimensionamos bien; los pobres resultados del neoliberalismo en América Latina, que hacen pensar en tres lustros perdidos en materia socioeconómica, y la ampliación de la brecha entre ricos y pobres, en una Colombia que ve engordar sin límite a sus empresarios, mientras el resto de la población escasamente sobrevive; son algunas de las razones que nos llevan a pensar, que a tono con la post modernidad cacareada por los relativistas y eclécticos, no hay fórmulas definitivas y mucho menos mágicas, en todo lo que es manufactura de la civilización humana.

Es como si estuviéramos a punto de darle apertura a un juego o poner en funcionamiento un aparato, sin instrucciones; o mejor o peor aún (de acuerdo a como se vea), con los manuales para ser redactados por los jugadores o usuarios según el caso y de acuerdo a la experiencia.

Por eso hablo de claridad de propósitos, independencia, imaginación y audacia, para enfrentar esa realidad que llega con el comienzo de un 2009 lleno de incertidumbres. ¿Cuáles son las metas que debe perseguir un país como el nuestro? ¿Esas metas atienden las necesidades de cada uno de los sectores de nuestra sociedad? ¿Somos capaces de tener una agenda económica soberana, acorde con unas políticas internacionales y domesticas guiadas por nuestras propias conveniencias y necesidades? ¿Estamos explorando nuevos caminos para la consecución de los cometidos trazados? ¿Cómo vamos en términos comerciales con la Unión Europea, la cuenca del Pacífico y nuestra propia subregión? ¿Hemos cumplido con las tareas requeridas para competir? ¿Cuál es el futuro de la lucha contra las drogas?

Las respuestas del actual gobierno colombiano se reducen a una fórmula poco imaginativa: La reelección. Más de lo mismo, pero en un país que siente que la coyuntura ha cambiado y sobre todo, con una clase empresarial que empieza a percibir la permanencia de Uribe en el poder, como un lastre peligroso, capaz de desestabilizar la nave donde han pasado muy bueno. Solo eso puede explicar la posición crítica de los grandes medios, antes disciplinados corifeos, que llevaron de cabestro a la opinión pública, hacia la hipnosis colectiva en la que ha estado sumido el país durante estos años.

Colombia tiene una gran herramienta política que es la Constitución vigente, fruto de un consenso sin antecedentes y cimentada sobre el respeto a la dignidad humana, la solidaridad y la responsabilidad, para afrontar el panorama incierto. Sus fines son claros, sus principios orientadores y sus instituciones inspiradas por la regla de oro de la democracia moderna, la división del poder público.

La ruta que lleva a la realización de sus metas y la consolidación del Estado Social de Derecho, sería el mejor itinerario para los actuales colombianos en la coyuntura presente. Pero eso no le gusta a Uribe Vélez, que pretende no solamente perpetuarse en el poder. Como consecuencia de su permanencia prolongada al frente del ejecutivo y la condición nominadora de este último, controlará también las decisiones de otras ramas y órganos del Estado; tales como las Cortes y el Banco de la República. La muerte del pensamiento de Montesquieu.

El Presidente no tiene ningún reato de consciencia y ya puso sus cartas sobre la mesa.

¿Nuestros compatriotas seguirán creyendo en una medicina que no obra y tiene efectos colaterales de alto impacto?

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