miércoles, diciembre 03, 2008

Desde Las Termópilas


NUEVA SEDE

Por Alonso Molina Corrales


Se podría decir que los periódicos son la expresión del vigor de una ciudad y que en muchos casos, sus páginas son como la huella digital de todo lo que caracteriza a cada urbe en lo político, en lo social, en lo económico y en lo cultural.

Desde muy temprano, surgió entre los pereiranos el interés de expresar ideas, exponer habilidades literarias y dar cuenta de los acontecimientos parroquiales, a través de la publicación de periódicos, que fueron reflejando con su desigual y corta aparición, la evolución de una aldea con pretensiones.

Siguiendo esa tradición, hoy por hoy, Pereira se bosqueja a mano alzada ante los ojos de propios y extraños, cuando decimos que desde mediados de 1975 circula el periódico La Tarde, un matutino con nombre de vespertino, que ha sido protagonista y notario mediático del desarrollo de la capital de Risaralda.

Hoy, cuando inaugura su nueva sede en la vía que conduce a Armenia, quienes hemos estados asociados a la vida reciente del rotativo, nos sentimos orgullosos y agradecidos, pues la inversión hecha no solo implica mejoramiento del producto final recibido por los lectores. También es una apuesta por Pereira y su porvenir.

Durante los seis años largos en que trabajé como periodista de esta casa editorial, me tocó laborar en la vieja residencia de la familia Molina en la carrera 9ª entre calles 20 y 21, que luego se convirtió en la moderna sede que albergó al personal y los equipos del rotativo, hasta el trasteo a las instalaciones que se inauguran hoy con presencia del Presidente de la República.

Recuerdo la sala de redacción de la vieja sede: El patio fue techado y cerrado con una división de madera burda, para albergar los escritorios de los redactores que, con su algarabía y sus cigarros, convertían la hora de cierre de la edición en una experiencia no apta para cardiacos.

Fueron muchas las horas que allí pasamos, pues el periódico no solo era nuestro lugar de trabajo. Para la mayoría de periodistas provenientes de otras ciudades, La Tarde también era como la casa y los compañeros de labores hacían las veces de las familias que habíamos tenido que dejar atrás. Luego de entregar las respectivas páginas, demorábamos la salida, pues preferíamos quedarnos compartiendo con los del turno de la noche, que afrontar la soledad de un cuarto de alquiler.

El edificio que ocupó el lugar de la vieja casona, abrió sus puertas cuando en el país se preparaba para estrenar Constitución Política y se experimentaba una sensación de optimismo. Todo olía a nuevo; no solo la institucionalidad política, también los muebles de la moderna sala de redacción, que en nada se parecía a la que habíamos ocupado durante tantos años.

Al igual que antes, la inauguración de las nuevas instalaciones de La Tarde en la vía a Armenia, será la apertura de otra etapa que involucrará a toda la casa editorial y a Pereira misma, pues el impulso que implica la mudanza, mejorará la lectura que diariamente el medio de comunicación hace de la ciudad y sus gentes.

Felicitaciones.

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