lunes, agosto 04, 2008

Desde Las Termópilas


¿SE SALDRÁ CON LA SUYA, FINALMENTE?

Por Alonso Molina Corrales

Recuerdo como si fuera hoy, la actitud agresiva del primer gobierno del presidente Uribe frente a lo que representan las conquistas de la Constitución Política de 1991. Incluso su vocero más conspicuo, el entonces ministro Fernando Londoño Hoyos, calificó como resabios procesales, bienes jurídicos como el debido proceso y herramientas tan igualitarias como las acciones de tutela, de cumplimiento y de grupo.

Todo lo que entrañara garantías para la ciudadanía, estaba en la mira del nuevo régimen, instaurado por cuenta de una guerra sin destino, con la complicidad del empresariado, que requería un pacificador para la seguridad y la plusvalía sin freno.

Las instituciones del Estado Social de Derecho resistieron el embate de la derecha, hasta que la figura de la reelección presidencial descompensó el equilibrio de las ramas del poder público y el ejecutivo buscó enseñorearse sobre las demás y a fe que lo hizo, si miramos ahora como la Corte Constitucional se reputa como del bolsillo del mandatario.

Hábilmente, el régimen convierte la razón de su ilegitimidad – la ingerencia paramilitar en la política - en una oportunidad para dar la estocada que permita una segunda reelección, un cuerpo legislativo más homogéneo, unas cortes más dóciles y unos organismos de control muecos y mancos, gracias a sendas reformas del Congreso, los partidos y los altos tribunales.

Los Notables, que tenían a su cargo la misión de proponer reformas a la carta política colombiana, presentan una serie de medidas regresivas, que no solucionan problemas actuales y graves para el equilibrio institucional.

Dejar para el 2010 la aplicación de la figura de la “silla vacía”, cuando la crisis afecta al actual Congreso, es una postura cínica, propia de las camarillas cortesanas de los príncipes.

Acabar con el voto preferente para las elecciones de cuerpos colegiados, sin imponerle a los partidos políticos mecanismos democráticos para la conformación de las listas de candidatos y directivas, es regresar a las épocas del caciquismo, cuando la constitución reinante era la de Rafael Núñez.

Si a lo anterior le sumamos los alcances de la reforma a la justicia propuesta por el nuevo ministro del ramo, Fabio Valencia Cossio, que castiga a la Corte Suprema de Justicia por su valor e independencia, nos damos cuenta de que el gobierno del presidente Uribe Vélez está dispuesto a todo para quedarse y un paso hacia ese objetivo es darle muerte a la carta del 91.

¿Dejaremos que se salga con la suya?

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