GRAN PERIODISTA OLVIDADO
Por Edison Marulanda Peña
La última vez que alguien rescató del injusto olvido que cubre el nombre y el legado periodístico de Emilio Correa Uribe, fue cuando el escritor Rigoberto Gil Montoya recobró dos crónicas breves para la revista Pereira Cultural, que dirigió en 2001. Con el destacado Crónicas de Eme Zeta —seudónimo de Correa Uribe— una tiene el título “Los nombres de ahora”, y la segunda, Los ´Chaufeures´.
El pasado 8 de julio se cumplieron 53 años del asesinato de este periodista. Fundador y director de medios como “Variedades” revista semanal ilustrada (1925) y El Diario, pionero de la información impresa entregada cada día a lector@s, que circuló desde 1929 hasta el comienzo de los años 80.
Emilio Correa Uribe, junto con su hijo, abogado Carlos Correa Echeverri, de 25 años, gerente del periódico, recibieron varios tiros de revólver en una carretera del Valle del Cauca, cuando su vehículo fue chocado premeditadamente por un jeep con dos sujetos. Según la reacción del influyente diario El Tiempo, que editorializó sobre este insuceso, el hecho hacía parte de la violencia política y los autores materiales eran los llamados “pájaros” conservadores del vecino departamento.
Los acompañaba su hija Lucía Correa Echeverri, quien ha honrado la memoria de su padre con el mismo oficio y el mismo “voto de pobreza”. La abuela, como afectuosamente la llama el gremio, aún sigue pulsando teclas, redactando croniquillas sociales o haciendo comentarios críticos en el Super-Noticiero de Ecos 1360 de cuando en cuando.
La precocidad de Emilio Correa Uribe en el periodismo está demostrada desde los 13 años al fundar el semanario literario “Brotes”, que se editaba en la Tipografía Pereira. En 1923 fundó el periódico La Tarde —un antecesor del actual— y luego otro con el nombre ABC. Después se marchó a trabajar a Manizales al diario El Universal, propiedad del doctor Gonzalo Restrepo. A su regreso a Pereira fundó “Variedades” (circuló semanalmente durante cuatro años, albergando en sus páginas la literatura y lo cotidiano); después El Diario, que como la mayoría de los periódicos locales de esa época era vespertino y hacía un periodismo doctrinario, en este caso fiel a las ideas liberales.
Al fallecer el director de El Diario, alguien debía continuar al frente de la empresa y señalar el rumbo. Es conocido en la historia del periodismo pereirano aquel sentido editorial con el título “Recogemos la bandera”, escrito por su hermano don Eduardo Correa Uribe. En un aparte se palpan los sentimientos limpios y la grandeza que contrasta con la experiencia aciaga que golpeaba a la familia: “Sin programas especiales ni propósitos preconcebidos, vamos a montar guardia en esta casa. Aquí estamos como siempre, al servicio de las más nobles y limpias causas, con amor, desinterés y bondad, sin odios ni rencores y con el propósito de servir a todo aquello que movió la pluma de Emilio Correa Uribe, y a cuánto él consagró su juventud y su talento, sus capacidades y energías y, por último, el caudal generoso de su sangre” (El Diario, lunes 11 de julio de 1955).
Esta pequeña intervención en la memoria colectiva no detiene el alud del olvido —no conviene ser tan iluso—, simplemente recuerda que Pereira ha tenido plumas con un estilo muy personal que han servido al periodismo, a ideales elevados y valores no negociables.
Por Edison Marulanda Peña
La última vez que alguien rescató del injusto olvido que cubre el nombre y el legado periodístico de Emilio Correa Uribe, fue cuando el escritor Rigoberto Gil Montoya recobró dos crónicas breves para la revista Pereira Cultural, que dirigió en 2001. Con el destacado Crónicas de Eme Zeta —seudónimo de Correa Uribe— una tiene el título “Los nombres de ahora”, y la segunda, Los ´Chaufeures´.
El pasado 8 de julio se cumplieron 53 años del asesinato de este periodista. Fundador y director de medios como “Variedades” revista semanal ilustrada (1925) y El Diario, pionero de la información impresa entregada cada día a lector@s, que circuló desde 1929 hasta el comienzo de los años 80.
Emilio Correa Uribe, junto con su hijo, abogado Carlos Correa Echeverri, de 25 años, gerente del periódico, recibieron varios tiros de revólver en una carretera del Valle del Cauca, cuando su vehículo fue chocado premeditadamente por un jeep con dos sujetos. Según la reacción del influyente diario El Tiempo, que editorializó sobre este insuceso, el hecho hacía parte de la violencia política y los autores materiales eran los llamados “pájaros” conservadores del vecino departamento.
Los acompañaba su hija Lucía Correa Echeverri, quien ha honrado la memoria de su padre con el mismo oficio y el mismo “voto de pobreza”. La abuela, como afectuosamente la llama el gremio, aún sigue pulsando teclas, redactando croniquillas sociales o haciendo comentarios críticos en el Super-Noticiero de Ecos 1360 de cuando en cuando.
La precocidad de Emilio Correa Uribe en el periodismo está demostrada desde los 13 años al fundar el semanario literario “Brotes”, que se editaba en la Tipografía Pereira. En 1923 fundó el periódico La Tarde —un antecesor del actual— y luego otro con el nombre ABC. Después se marchó a trabajar a Manizales al diario El Universal, propiedad del doctor Gonzalo Restrepo. A su regreso a Pereira fundó “Variedades” (circuló semanalmente durante cuatro años, albergando en sus páginas la literatura y lo cotidiano); después El Diario, que como la mayoría de los periódicos locales de esa época era vespertino y hacía un periodismo doctrinario, en este caso fiel a las ideas liberales.
Al fallecer el director de El Diario, alguien debía continuar al frente de la empresa y señalar el rumbo. Es conocido en la historia del periodismo pereirano aquel sentido editorial con el título “Recogemos la bandera”, escrito por su hermano don Eduardo Correa Uribe. En un aparte se palpan los sentimientos limpios y la grandeza que contrasta con la experiencia aciaga que golpeaba a la familia: “Sin programas especiales ni propósitos preconcebidos, vamos a montar guardia en esta casa. Aquí estamos como siempre, al servicio de las más nobles y limpias causas, con amor, desinterés y bondad, sin odios ni rencores y con el propósito de servir a todo aquello que movió la pluma de Emilio Correa Uribe, y a cuánto él consagró su juventud y su talento, sus capacidades y energías y, por último, el caudal generoso de su sangre” (El Diario, lunes 11 de julio de 1955).
Esta pequeña intervención en la memoria colectiva no detiene el alud del olvido —no conviene ser tan iluso—, simplemente recuerda que Pereira ha tenido plumas con un estilo muy personal que han servido al periodismo, a ideales elevados y valores no negociables.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario