CIUDAD Y CONVIVENCIA
Por Edison Marulanda Peña
¿Pereira puede desarrollarse integral y armónicamente? Si, siempre y cuando sus conductores políticos y los ciudadanos captemos lo que debe hacerse y logremos acuerdos para su puesta en escena. Hay que poner en sintonía la economía, la seguridad ciudadana y la cultura ciudadana, para prevenir que el “coctel” de violencias, miedos urbanos, frustraciones o escepticismo lleguen a minar la confianza de los gobernados en sus gobernantes, y de los individuos entre si para asociarse. No es poca cosa el desafío de pensar en cómo transformar las amenazas en “oportunidades” reales, para todos y todas.
Si aceptamos que se necesita tener mejores seres humanos, entonces se requiere la armonización del interés individual y el bien común. Esto demanda formar no solo un individuo virtuoso sino un ciudadano virtuoso, evocando al viejo Aristóteles. Si cada uno sólo lucha por sus metas, pero se desentiende de los deberes públicos, o los problemas sociales, o cree que la ciudad cambia simplemente por tener más hormigón y luces de neón —¡tan bonita!—, este individuo no se compromete para conseguir que la sociedad a la que pertenece sea más justa y respetuosa de los derechos humanos, entonces los líos se multiplicarán.
Usted ya vislumbra la articulación necesaria entre ética (libertad y autorregulación), justicia (respeto por la ley que nos iguala y garantías de los derechos reconocidos) y estética (concepción de belleza), para que una ciudad marche en la dirección correcta. Tiene razón si encuentra que se conecta con la tesis reiterada por Antanas Mockus desde los años 90. “La sociedad funciona gracias a tres sistemas de regulación: ley, moral y cultura”. Cuando se rompe la relación activa de los tres o uno de ellos se resquebraja, se traduce en que no hay convivencia y, por el contrario, priman la intolerancia, la desconfianza, no se reconoce la dignidad humana negando así la diversidad cultural, sexual, religiosa y étnica.
Hay que señalar, también, que un problema que ha desgastado el programa de cultura ciudadana en anteriores administraciones de Pereira, es que se ha tomado tanto el diseño teórico como las acciones aplicadas en Bogotá y los han impuesto aquí; olvidando que deben repensar el modelo para hacer los cambios o las innovaciones para que funcione bien. Y una condición necesaria es conformar un equipo interdisciplinario con gente formada en los temas, idóneo y sin contaminarlo de politiquería.
No hay que olvidar que en Bogotá se interiorizó la cultura ciudadana porque, además del notable equipo conformado por su alcalde, Mockus manejaba convincentemente el discurso y persuadía con el ejemplo. Esto se resume en dos vocablos, coherencia y credibilidad.
El propósito de una ciudad más humana y justa, debe ser la inspiración de un proyecto político serio. Ahora que se ha recuperado el disfrute de la libertad individual con la Seguridad democrática, el siguiente reto es tan arduo como inaplazable: formar una sociedad más justa. ¿Podríamos empezar por Pereira, tierra de “oportunidades”?
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