EL JEFE DE ESTADO
Por Alonso Molina Corrales
De acuerdo al ordenamiento constitucional colombiano, el Presidente de la República es el Jefe de Estado, Jefe de Gobierno y Suprema Autoridad Administrativa, con lo cual se dota al ciudadano elegido para esa magistratura de un gran poder; superior en todo al ostentado por las demás ramas constitutivas de la democracia que pretende ser Colombia.
Para evitar que el ungido con esas facultades se vuelva una especie de emperador moderno, están los pesos y contrapesos bajo los cuales se someten el ejecutivo, el legislativo y el judicial, tal como los concibió Montesquieu en su libro “El Espíritu de las Leyes” y, ante todo, el hecho de que el ciudadano distinguido con esa encumbrada posición, jura cumplir con la constitución política y las leyes y “…se obliga a garantizar los derechos y libertades de todos los colombianos”.
La sujeción al ordenamiento jurídico es propia de un Estado de Derecho y la obligación de velar por los derechos y garantías se deriva, en buen grado, del carácter de Jefe de Estado que tiene el Presidente de la República en Colombia y que lo pone por encima de las naturales contradicciones y litigios entre las ramas del poder público; para que así sea símbolo de la unidad nacional. Unidad nacional nacida de la confianza de los ciudadanos en las instituciones del Estado y en su papel como protectoras y promotoras de la vida, honra y bienes de los ciudadanos.
Fue esa capacidad de ubicarse por encima de la lucha entre los diversos sectores sociales y entre los más disímiles intereses económicos, lo que hizo conservar en algunos países europeos la figura del monarca, que maniatado por la ley y despojado de las potestades asumidas por las ramas del poder público, pasaba a simbolizar todo aquello que podía hacer de un tumulto, una nación y de una nación, un Estado. Las repúblicas parlamentaristas le dieron esa atribución a los llamados presidentes –reyes sin corona e inútiles para todo lo demás - y en los regímenes presidencialistas americanos, éstos asumieron el carácter de jefes de Estado, junto con las responsabilidades en la conducción del gobierno y la administración pública, para reponer la fuerte imagen del soberano de ultramar.
Como Jefe de Estado, el Presidente de la República debe velar por la armonía entre las ramas del poder público y porque éstas actúen de manera que garanticen los principios, fines e instituciones del Estado Social de Derecho que busca ser Colombia.
El primer magistrado de la nación no puede ser el jefe belicoso de una facción de la sociedad, ni trabajar por el socavamiento de las prerrogativas constitucionales y legales de alguna de las ramas del poder público. Tampoco puede usurpar las facultades de éstas, ni las de los organismos de control, ni las de los entes territoriales y mucho menos, le está permitido descalificar y desprestigiar a los contradictores del gobierno, pues eso limita el ejercicio de la democracia y puede vulnerar derechos fundamentales como son la vida y la libre expresión de las ideas.
¿El presidente Álvaro Uribe Vélez está ajustado a las líneas de comportamiento esbozadas a lo largo de éste texto?
Respondo no, con la convicción de que la omisión en sus deberes como Jefe de Estado es la consecuencia de sus creencias, sus intereses y sus necesidades: No cree en el sueño trazado por la Constitución Política de 1991, no le interesa fortalecer el Estado Social de Derecho, pues eso implica menos prerrogativas para el ejecutivo imperial de sus ilusiones y necesita sumir al país en una “hecatombe” institucional, para eliminar a sus enemigos, buscar la legitimación de su poder manchado y continuar detentándolo el tiempo suficiente para enriquecer a una nueva élite en ascenso.
Ninguno de esos propósitos coincide con los del Jefe de Estado de un país democrático. Se parecen más a los del líder de una conspiración con disfraz de legalidad, al mejor estilo de los caudillos tropicales pintados por la literatura latinoamericana, que echaron mano de los plebiscitos para mantenerse en el puesto de mando, tal como ahora lo pretende Uribe Vélez.
alonsomolinacorrales@gmail.com
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