LA HORA LIBERAL
Por Alonso Molina Corrales
La seria y prolongada crisis del Partido Liberal, agravada en Risaralda por los resultados electorales del pasado 28 de octubre, es una realidad desnuda, que se agudiza cuando algunos dirigentes recurren a maromas dialécticas para mostrar otra, optimista y relajada.
Tal postura evidencia falta de responsabilidad y grandeza política y sume en el desconcierto a la militancia, que ahora parece deambular sin norte, en espera de orientación y de respuestas liberales a una realidad que va más allá de la problemática interna de la formación política.
¿Cuáles fueron los errores que se cometieron en la pasada contienda? ¿A quiénes se le deben atribuir? y ¿Como podemos enmendar la plana? son interrogantes que debemos contestar, junto con otros que tienen que ver con la forma como el partido pretende interactuar con los nuevos gobiernos y convertirse en una futura opción de poder, capaz de interpretar el momento histórico y las expectativas de nuestros compatriotas y conciudadanos.
Tener claro que en un sistema democrático como el nuestro, la alternancia en el poder es una posibilidad saludable, donde unos ganan y otros hacen la oposición para crear condiciones que les permitan alcanzar el poder posteriormente, ayuda a afrontar las situaciones por las que atraviesa ahora el liberalismo a nivel nacional y en los ámbitos de Pereira y Risaralda. La falta de gobernabilidad, el tratamiento displicente o francamente agresivo - en algunos casos - de los mandatarios y la apuesta por la desaparición del liberalismo como realidad política, hecha con fanatismo por algunos conversos rabiosos, son tan solo algunas de las situaciones que se deben afrontar con valor y visión, para no ceder a la tentación de salir a correr en busca de los árboles que, por ahora, dan la mejor sombra.
Hay cifras, realidades y hechos que reclaman un Partido Liberal capaz de cambiar el apetito burocrático por una vocación de poder firme, abnegada, inteligente y propositiva. En lo regional, poseer las bancadas más numerosas en diversas corporaciones públicas, frente a las de otras formaciones, pequeñas y fraccionadas en su interior; la cohesión de las rojas para servir de soporte a las buenas iniciativas de los gobiernos y de muro de contención contra aquellas nocivas para el interés general, y una agenda pública repleta de tareas por adelantar y debates que dirimir, ofrecen oportunidades para que el liberalismo demuestre su vigencia.
Para aprovechar lo anterior se necesita que el Liberalismo funcione como un partido moderno y democrático, con directorios actuando en todo momento – no solo para elecciones - y en articulación con sus bancadas juiciosas y unidas en las corporaciones públicas. Directorios donde estén representados todos los matices, pero que trabajen por la institucionalidad y dirigentes valerosos, capaces de asumir la misión histórica de llevar al partido al poder, aunque sea de derrota en derrota y en medio de la inopia burocrática. No es de recibo escuchar a altos jerarcas afirmar que si el presidente Uribe busca su segunda reelección, no hay quien lo ataje. Con ese tipo de afirmaciones se escribe el primer párrafo de un acta de capitulación.
Pensando en lo anterior, la bancada de concejales liberales de Pereira, de la cual hago parte, ha venido promoviendo la convocatoria de un evento de reflexión, que con una metodología adecuada permita a la dirigencia identificar las fallas, los correctivos y proponer los insumos para un plan estratégico que nos conduzca a la reconquista del poder. Un encuentro que nos prepare para el futuro. Esperamos la respuesta de los otros estamentos de la colectividad y de los llamados jefes naturales.
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